domingo, 24 de abril de 2016
domingo, 17 de abril de 2016
|
|
domingo, 29 de noviembre de 2015
Al
encuentro de la miel desconocida
Un
grupo de investigadores de universidades públicas y otras instituciones estudia
y selecciona mieles de diferentes sabores, colores y aromas, organiza catas en
ferias de alimentos y busca que se reconozcan las variedades, como sucede con
el vino.
La miel apunta a ganar nuevos espacios en
el paladar de los consumidores argentinos. Docentes universitarios,
investigadores y apicultores promueven eventos de cata similares a los que
desde hace décadas realiza el sector vitivinícola, para difundir las virtudes
de este noble alimento. Buscan acercar a todos los participantes de la cadena
productiva y a los consumidores una nueva forma de disfrutar de la miel,
prestando especial atención al desafío de conocer las variedades del producto a
través de todos los sentidos.
Alicia Basilio, profesora de la cátedra
de Avicultura, Cunicultura y Apicultura de la Facultad de Agronomía de la UBA
(FAUBA), trabaja junto a técnicos del INTA y otras instituciones como INTI y la
Sociedad Argentina de Apicultura, en la realización de concursos y catas en las
diferentes ferias apícolas del país, para capacitar a los apicultores y al
público en general sobre las variedades de mieles que se pueden producir y
consumir.
Recientemente, participaron de la feria
"Del productor al consumidor", de la FAUBA, donde ofrecieron
degustaciones de diferentes productos a los visitantes y explicaron las
características sensoriales: "La curiosidad de la gente por las abejas y
la miel es enorme", afirmó Basilio, y señaló: "Sorprende mucho al
público, por ejemplo, encontrarse con una miel amarga".
El grupo de trabajo viene avanzando desde
hace varios años en el reconocimiento de la miel por sus variedades, como los
profesionales que se dedican al vino. Al respecto, la profesora indicó: "Para
tipificar la miel se requieren análisis del polen, fisicoquímicos y
sensoriales. En la Argentina se realizan desde hace tiempo los primeros dos, y
existen al menos cuatro paneles académicos de cata, que es el último análisis
que se está desarrollando para describir las mieles nacionales. Falta poco para
tipificarlas y poner un valor agregado al producto".
"Nosotros somos como pequeños
coleccionistas -dijo Basilio-. Siempre estamos a la caza de mieles raras como
la de anís, por ejemplo, que es difícil de conseguir. Pero ¡guau!, tiene un
gusto increíble". Y destacó: “Es fantástico cuando una aprende a catar
alimentos porque te abre un panorama diferente para disfrutar de la vida. A
partir de la cata de miel, que empecé a hacer por razones académicas, pude
afinar mi percepción".
Un
mundo de sensaciones
Basilio advirtió que si bien en la
Argentina se produce miel a partir de la
abeja doméstica Apis mellifera (también de otras nativas, pero que no tienen un circuito
comercial), en cada región del país se puede encontrar una enorme cantidad de
matices en sus colores, sabores y aromas, relacionados con la flora del lugar.
"Podemos diferenciar las plantas
porque tienen propiedades específicas, por la forma de las hojas, de las flores
y de las cortezas, y también por sus olores y características químicas. Estas
diferencias también se encuentran en el néctar, que si bien es mayoritariamente
sacarosa y agua, tiene pequeñas cantidades de minerales, pigmentos y sustancias
biológicamente activas que son propias de cada vegetal. En la miel, todos estos
componentes se concentran y aparecen colores, olores y gustos particulares según
las flores que visitaron las abejas", explicó.
Como la diversidad de mieles depende de
su lugar de origen, y es muy difícil encontrar una gran variedad en un solo
lugar del país, los especialistas recorren diferentes regiones para conocer
nuevos sabores, aromas y colores, estudiarlos y difundirlos entre los
consumidores en talleres de cata.
"En general estamos acostumbrados a
imaginar la miel como un producto homogéneo, que definimos de acuerdo al tipo
más abundante en la zona en que nos proveemos. Por ejemplo, en Buenos Aires la
miel de pradera, de color claro, olor suave, gusto dulce y poco persistente, es
el ideal de lo que se considera buena
miel y se prefiere a la más oscura, de olor intenso y dulce con toques
ácidos y salados, de gran persistencia, proveniente de la floración del
eucalipto en algunas zonas de Entre Ríos. Sin embargo, en estas localidades,
donde es habitual cosechar y consumir miel de eucalipto, la miel de pradera se
califica como insulsa".
En la provincia de Entre Ríos no sólo se
destaca la miel de eucalipto, contundente, compleja y persistente, que proviene
de la cosecha de verano, sino también la miel de naranjo, que es clara, suave y
con el olor de las flores de ese frutal. El dulzor en esta miel, cosechada en
primavera, está matizado por un toque ácido.
Otras provincias también aportan
diferentes matices a la miel. Tal es el caso de Mendoza, donde se puede encontrar
la miel de orégano, que es clara, con tonalidad amarilla, y la de Tessaria,
un arbusto popularmente conocido como pájaro bobo, que es muy oscura y con un
intenso olor floral.
Esta diversidad de matices que presentan
las mieles según su lugar de producción llevaron a que algunas regiones del
país comenzaran a incorporar sellos de origen, como la provincia de Chubut. "Es
muy interesante porque ahora, cuando los turistas visitan la Patagonia, además
de chocolates y dulces también pueden comprar mieles que fueron producidas en
ese lugar", sostuvo Basilio.
Producción de
forraje a control remoto
Por Pablo Roset
Un conjunto de aplicaciones de software en la web
permite consultar información satelital sobre el crecimiento de diferentes
recursos forrajeros. Su objetivo es ayudar a tomar decisiones y a planificar la
producción ganadera en todo el país.
(SLT-FAUBA) Después de muchos años de trabajo
conjunto, la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), AACREA, el INTA y el
MAGyP publicaron el Tablero de Control Forrajero, una herramienta en internet
que muestra de forma amigable la variación de la producción de distintos
recursos forrajeros a lo largo de la Argentina. La aplicación se basa en la
información que genera otra herramienta, el Sistema de Seguimiento Forrajero
Satelital, desarrollada por el Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección
(LART-FAUBA) y AACREA. El Tablero posee una versión disponible gratuitamente en
la web.
Ojos en el cielo
“El Tablero permite visualizar fácilmente la
tasa (es decir, la velocidad) de crecimiento de los distintos recursos
forrajeros. Es una herramienta básicamente gráfica que muestra en pantalla la
variabilidad de la producción forrajera,
que es una información clave para tomar decisiones y planificar el manejo
ganadero. Se pueden hacer comparaciones entre los diferentes recursos
forrajeros de un campo, tanto dentro de un año como entre años, además de
contrastar la producción forrajera del año en curso contra el mejor o el peor
año de una serie que arranca en el 2000”, le contó al sitio de divulgación Sobre La Tierra Mercedes Vassallo,
docente de la cátedra de Forrajicultura de la FAUBA y técnica en el Área de
Ganadería de AACREA.
La gran utilidad de esta herramienta es poder
conocer mes a mes cuánto crece el pasto, ya que lo hace a diferentes
velocidades a lo largo del año. Con esta información, los productores están en
condiciones de estimar cuántos animales va a poder sostener su campo o,
incluso, cada lote en particular. “Tener una idea concreta de la variabilidad
en la producción de pasto facilita la planificación. Si hay un excedente, se
pueden hacer reservas, y si hay déficits, decidir el manejo del ganado en
consecuencia”, señaló Mercedes.
El uso del Tablero va de la mano con los
informes mensuales que los productores reciben del Sistema de Seguimiento
Forrajero Satelital (SSFS), un servicio que brinda AACREA con apoyo científico
del LART. Al respecto, Vassallo nos explicó: “La estimación de la tasa de
crecimiento del forraje se basa principalmente en tres tipos de datos: los que
mide un sensor satelital (llamado MODIS) que está en funcionamiento desde el
año 2000, la radiación solar que llega a la superficie del suelo y la cantidad
biomasa de cada recurso forrajero. El sensor “mira” un área de 5,3 ha, que es
una superficie aceptable para los establecimientos ganaderos argentinos porque
permite caracterizar la tasa de crecimiento del pasto a nivel de lote. Gracias
al SSFS, los productores saben mensualmente la producción de los distintos
recursos forrajeros de sus establecimientos y, además, pueden conocer el
historial de la productividad del forraje en sus propios campos”.
Una caja de herramientas digitales
El Tablero de Control Forrajero surgió de un
proyecto que llevaron adelante cuatro instituciones: la FAUBA, AACREA, el INTA
y el MAGyP, con financiamiento del Instituto de la Promoción de la Carne Vacuna
(IPCVA). A partir de la interacción entre ellas se difunden públicamente los
conocimientos que se generan. En este sentido, Mercedes nos contó: “El SSFS y
el Tablero de Control Forrajero están disponibles para varias regiones del país
como, por ejemplo, el suroeste, el sureste y el noroeste de Buenos Aires, el
NOA (en particular, Salta) y el NEA (en ciertos pastizales de Corrientes). En
Patagonia también hay una cantidad de establecimientos que ya usan activamente
el SSFS. En esa región lo que se estima es la velocidad de crecimiento de las
estepas y de los mallines”.
Tanto el SSFS como el Tablero de Control
Forrajero están disponibles a escala de establecimiento si se contrata el
servicio. En el caso del Tablero, si bien está disponible online desde
cualquier computadora o dispositivo móvil con conexión a internet, existen dos
niveles de acceso. Los usuarios libres pueden ver de manera gratuita la
información de la tasa de crecimiento promedio zonal para los distintos
recursos forrajeros relevados por el SSFS en todo el país. Sólo deben ingresar
al Tablero (www.crea.org.ar/tableroforrajero) con usuario=zona y clave=zona.
Por su parte, los usuarios registrados son aquellos que contratan un servicio
puntual para su campo. A éstos se les brinda un servicio pago, y no es
necesario que sean miembros CREA.
Cerdos
con chips y conexión inalámbrica
Estudiantes
de la FAUBA desarrollaron un sistema automático de alimentación que integra
sensores electrónicos y chips en los animales, para mejorar la eficiencia en la
dieta y el costo de los criaderos. Ya pusieron en marcha el primer sistema en
una granja.
Un grupo de jóvenes emprendedores
incubados en la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) desarrolló e implementó
con éxito el primer alimentador automático para cerdas en una granja de
Arrecifes, provincia de Buenos Aires. Este sistema innovador, desarrollado en
la Argentina, integra sensores electrónicos y caravanas con chips para conducir
a los animales por módulos de alimentación, con mayor eficiencia productiva y
menos costos económicos.
"Si bien la industria
porcina está creciendo mucho en nuestro país, notamos que el nivel de
tecnología presentaba limitaciones en la eficiencia de la alimentación, que
representa entre el 70 y el 80% del costo de una granja", explicó Leonel
Rae, estudiante de Agronomía y uno de los impulsores del emprendimiento junto
al economista Franco Amorosi.
En marzo de 2013, este
diagnóstico los llevó a investigar el desarrollo de tecnologías que permitan
asegurar un control eficaz sobre las raciones de alimento de las cerdas en
gestación, con menos márgenes de error y desperdicios y a encontrar
alternativas a los sistemas de confinamiento en jaulas, que también
presentarían inconvenientes para la productividad de los animales.
"La tecnología desarrollada consiste
en un el diseño de un alimentador automático, con puertas de entrada y de
salida (similar a una manga), provista de un lector que puede individualizar a las
cerdas a partir de un chip colocado en sus orejas, como caravanas. Una vez
reconocido el animal, el sistema raciona el alimento correspondiente a ese día,
previamente determinada por veterinarios o
nutricionistas. Transcurrido un tiempo, la cerda termina de comer, y
vuelve al grupo", detalló Rae.
"Este sistema de alojamiento
en grupo ayuda a disminuir el estrés del animal que, a diferencia de lo que
sucede en los modelos de confinamiento, puede caminar y manifestar su instinto
gregario de sociabilización, con mejoras en la productividad. Se adapta muy
fácil a los criaderos existentes, incluso a los que ya tienen jaulas y estén
pensando en ampliar", agregó.
La terminal se controla con un
software desde cualquier computadora, que permite determinar la ración diaria
correspondiente a cada animal, observar las curvas de consumo y ajustarlas de
forma individual. Con WI-FI en el criadero, es posible gestionar de manera
remota y observar qué está pasando en cada momento.
Adaptación
local y nuevas instalaciones
Para desarrollar esta tecnología,
Rae y Amorosi reunieron información provista por productores y diferentes
grupos de investigación y se capacitaron para adaptar a los criaderos locales
un sistema de manejo electrónico implementado en otros países. Desde julio del
2013 el emprendimiento (www.bildagro.com.ar) se integró a la incubadora de la FAUBA, IncUBAgro.
"A través de la incubadora
recibimos ayuda con la investigación, contactos con profesionales, asesoramiento
en materia comercial y búsqueda de financiamiento, y accedimos a una red de
vínculos con los potenciales clientes e instituciones del sector que resultan
claves para la comercialización", dijo Rae.
Luego de realizar con éxito las
primeras pruebas de factibilidad técnica del prototipo, los emprendedores
lograron instalar en 2014 el primer alimentador en una granja de Arrecifes, que
cuenta con un sistema de ciclo completo con 800 madres en producción y más de
15.000 capones en engorde.
"A partir de las pruebas en
condiciones reales y el feedback de
los usuarios, pudimos entender y mejor las necesidades y realizar una serie de
mejoras que culminaron en un producto que ya está en condiciones para su comercialización
a escala. Principalmente se mejoró el diseño privilegiando sencillez y
robustez, incorporando materiales más resistentes y componentes electrónicos
que facilitan el manejo", explico Amorosi.
El producto fue lanzado en la
última edición de la exposición Fericerdo, realizada durante 2015 en Marcos Juárez.
Rae y Amorosi fueron invitados a participar junto al INTA, institución que
también les aportó conocimiento en su granja experimental.
"A partir de la
participación en Fericerdo recibimos mucho interés de productores y ya estamos
avanzado con nuevas instalaciones. Hacia adelante, la idea es presentar un
producto que, además de ofrecer ventajas productivas, tenga un costo accesible,
para que no esté sólo al alcance de los grandes jugadores, sino que también los
medianos productores tengan acceso y puedan probarlo en sus campos o
granjas", indicó Amorosi.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

