viernes, 23 de octubre de 2015

ASISTENCIA A LA INDUSTRIA
Novedoso sistema para mejorar el rendimiento de semillas
Un dispositivo diseñado por especialistas de INTI-Rosario permite analizar de forma automática el funcionamiento y la dosificación de granos en máquinas sembradoras. Su tecnología reduce tiempos y simplifica el control en tierras de siembra.

El dispositivo puede colocarse tanto en el sector de dosificación como en los extremos del tubo de descarga de semillas de las sembradoras
Investigadores del Centro de INTI-Rosario diseñaron un sistema que será de gran utilidad para la industria nacional de maquinaria agrícola. Se trata de un dispositivo basado en la detección de semillas a partir de su impacto contra una placa, que permite evaluar el transporte y la dosificación de sembradoras en campos de cultivo. La tecnología desarrollada simplifica la medición de la distancia entre granos, porque se realiza de manera automática mientras que en los métodos tradicionales su operación es manual e insume más tiempo.

“Los impactos que producen las semillas en la placa se captan por un micrófono (sensor piezoeléctrico) y se graban en un archivo de audio. Luego se utiliza un software para traducir los datos a un gráfico, donde se visualizan fácilmente los golpes a través de picos”, explica Sebastián Rossi del INTI. La información recopilada —sumada a la velocidad de avance de las sembradoras— permite conocer la distribución, la homogeneidad, la distancia y la cantidad de granos vertidos por metro lineal.

El trabajo surgió a partir de una consulta de un fabricante nacional de sembradoras con sistemas de conducción por aire (air drill), que necesitaba lograr una repartición homogénea de semillas. “Nos pidieron analizar todos los mecanismos involucrados en las etapas de dosificación y distribución”, aclara Jorge Eliach, responsable del Área de Ingeniería y Desarrollo de INTI-Rosario que llevó adelante el proyecto.

A partir de la solicitud se desarrolló un prototipo, que actualmente se encuentra en etapa de mejoras. Para probar el dispositivo se construyó un banco de pruebas en campo, en conjunto con la empresa. “Además se validó el sistema mediante una cámara de alta velocidad de obturación (con mil cuadros por segundo) que permitió corroborar que la información suministrada por el software coincidía con las imágenes del video”, agrega Eliach. 

Integran también el equipo de trabajo los ingenieros Gastón Bourges y Juan Monti, quienes destacan que “el grupo es interdisciplinario y ello permite abordar los problemas desde diferentes puntos de vista e interpretar correctamente un sistema físico como el caso analizado”.

Sistema disponible para la industria
Este sistema ya está disponible y puede ser solicitado al INTI por cualquier empresa que fabrique sembradoras a chorrillo (que echan seguido el grano en los surcos abiertos por el arado). Los técnicos además están trabajando para que el equipo sea portátil con el fin de trasladarlo a donde sea necesario e incluir también en el estudio la medición de caudales y de presión de aire en los sistemas que transportan semillas desde la tolva contenedora hasta el caño de salida. “Es decir, nos interesa evaluar el sistema completo”, resume Rossi.

El desarrollo se alinea a las acciones que se vienen implementando a través del “Plan Estratégico Industrial 2020” del Ministerio de Industria, cartera de la cual depende el INTI, que entre sus objetivos se propone la “estandarización y normalización de partes y componentes de la maquinaria agrícola”.



 



martes, 20 de octubre de 2015

Los hongos complican la campaña agrícola

Marcelo Carmona y Francisco Sautua, fitopatólogos de la FAUBA, advirtieron que en un año lluvioso aumentan los ataques de enfermedades en los cultivos y las malas prácticas agronómicas podrían generar resistencia a fungicidas.
Síntomas de la Mancha borrosa de la cebada. Foto: Di Núbila.Síntomas de la Mancha borrosa de la cebada. Foto: Di Núbila.
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(SLT-FAUBA) Los hongos comienzan a acostumbrarse a los fungicidas. Con esta frase alertan Marcelo Carmona y Francisco Sautua, investigadores de la cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), sobre la posible aparición de resistencia a los diferentes principios activos de fungicidas, en un año afectado por excesos hídricos y números ajustados para los productores, que en muchos casos deciden bajar las dosis de las aplicaciones.
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“El riesgo puede ser minimizado si se integra la mayor cantidad de estrategias antiresistencia”.
“El empleo de subdosis (menor a lo recomendado en los marbetes de los productos), aún en mezclas de principios activos, lleva a aumentar el riesgo de generar resistencia a fungicidas”, aseguraron Carmona y Sautua en un informe presentado esta semana, y destacaron que esta práctica (o las aplicaciones divididas) es una de las principales causas agronómicas que originan la aparición de cepas resistentes.
“La mayoría de la evidencia científica mundial sugiere que la división de una dosis de fungicida dada entre dos o más aplicaciones selecciona con más fuerza cepas resistentes a fungicidas, respecto de la selección ejercida por una aplicación única a dosis más altas”, subrayaron.
Síntomas de Ramularia en cebada. Según el Comité de Acción para la Resistencia a Fungicidas, es un patógeno de alto riesgo. Foto: Di Núbila
Además, el documento alertó sobre otras malas prácticas que agravan el problema, como el continuo uso de moléculas con el mismo modo o mecanismo de acción, los cambios en los intervalos de aplicación u aplicaciones tardías, la falta de medidas de manejo integrado y la ausencia del uso de diversidad química en las aplicaciones.
Cuando las estrategias de manejo no son adecuadas, “algunos individuos de la población fúngica logran sobrevivir, multiplicarse y propagarse, a pesar de haber sido expuestos a la aplicación de un fungicida que normalmente la controlaba. Estas cepas sobrevivientes empiezan a dominar esa población haciendo ineficiente al fungicida en cuestión y es probable que también sea resistentes a otros productos relacionados, incluso sino fueron expuestos a ellos, ya que poseen el mismo mecanismo bioquímico de acción (resistencia cruzada)”, explicaron los investigadores.
El Comité de Acción para la Resistencia a Fungicidas (FRAC, por sus siglas en inglés) considera a Ramularia como un patógeno de alto riesgo a generar resistencia ante fungicidas. La comunidad científica internacional también documentó numerosos casos de resistencia a estrobilurinas, triazoles y carboxamidas en la Unión Europea, Asia, África y en todo el continente americano. En la Argentina se informó sobre fallas de control de triazoles sobre la roya de la hoja del trigo, la pérdida de sensibilidad in vivo de Pyricularia grisea a mezclas de fungicidas y deCercospora kikuchii a carbendazim in vitro.
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“La división de una dosis de fungicida entre dos o más aplicaciones selecciona con más fuerza cepas resistentes”
“Tarde o temprano surgirán casos de resistencia en los cultivos. Es muy difícil actuar eficientemente para eliminar esta aparición en el campo. Sin embargo, el riesgo a que ello ocurra puede ser minimizado si se integra la mayor cantidad de estrategias antiresistencia que retrasen el desarrollo de estas subpoblaciones de patógenos resistentes, junto con la puesta en marcha de un programa de manejo integrado de enfermedades, que incluya el uso de variedades resistentes o tolerantes, rotaciones y el uso de semilla libre de patógenos”, ejemplificaron los fitopatólogos de la FAUBA.
Al respeto, los investigadores recomiendan aplicar fungicidas sólo cuando es necesario, en el momento óptimo y de acuerdo con los umbrales de daño económico desarrollados y validados en el país. Además, destacan la necesidad de utilizar mezclas de principios activos con diferentes mecanismos bioquímicos de acción, complementar los fungicidas con inductores de la resistencia (como quitosanos y fosfitos) y agentes de control biológico, alternar principios activos y respetar las dosis indicadas en los marbetes.
“Uno de los desafíos futuros será implementar un monitoreo nacional y regional de la sensibilidad y surgimiento de cepas resistentes de patógenos a cada principio activo en los distintos cultivos. Esta será la clave para poder maximizar la vida útil y la eficiencia de uso de los principios activos fungicidas actualmente disponibles en el mercado, durante el mayor período de tiempo, garantizando la sustentabilidad económica y ambiental”, concluyeron Carmona y Sautua.
Maíces nativos, para la autonomía indígena
Por Juan Manuel Repetto
Un proyecto de la FAUBA y de la comunidad qom Potae Napocna Navogoh apunta a reintroducir razas autóctonas de maíz en sus ambientes originarios. La universidad aportará su banco de germoplasma y las técnicas, apoyadas en el conocimiento local.

(SLT-FAUBA) La Argentina posee más de 60 razas autóctonas de maíz y es, junto con México Perú y Bolivia, uno de los principales países de la región donde históricamente existió una gran diversidad de estos cultivos, aunque muchos de ellos ya no se siembran. Ahora un grupo de investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) apunta a reinsertar esas variedades en sus ambientes originarios, y para ello trabaja junto a la comunidad qom Potae Napocna Navogoh (La Primavera), de la provincia de Formosa.
"El objetivo es reintroducir maíces nativos adaptados a las condiciones ambientales del NEA, que aporten a la disponibilidad de alimentos y a la mejora de los ingresos económicos de un pueblo originario de la región", sostuvo Julián Cámara Hernández, investigador de la cátedra de Botánica Agrícola de la FAUBA, quien se dedica a estudiar estas razas de maíz desde hace más de 35 años, y que será el encargado de dirigir la iniciativa junto a otros agrónomos, antropólogos y biólogos de la Universidad de Buenos Aires.
El proyecto se denomina "Maíces nativos para la promoción de la soberanía alimentaria y la inclusión social en una comunidad qom del Gran Chaco" y estará financiado por el Programa Consejo de la Demanda de Actores Sociales (Procodas), del Ministerio de Ciencia y Tecnología la Nación.
A partir de su puesta en marcha, la FAUBA pondrá a disposición su banco de germoplasma de semillas nativas del NEA y aportaría el conocimiento técnico, como lo viene haciendo desde 2010, cuando se conformó un Grupo de Estudio y Trabajo en esa Facultad de la UBA para colaborar con la comunidad qom. En estos años se realizaron diferentes proyectos para mejorar la calidad del agua, desarrollar 45 huertas familiares y un vivero comunitario donde se propagan plantas nativas como algarrobo, mistol y lapacho. Ahora buscan avanzar hacia la producción semiextensiva de cultivos de granos.
"El proyecto de maíces autóctonos apunta a recuperar un material genético de gran variabilidad  y valor culinario. Es una experiencia excepcional a partir de la cual se incorporarán a la producción de semillas de especies nativas disponibles en bancos de germoplasma", aseguró Cámara Hernández.
Durante 2014, los docentes trabajaron junto a estudiantes de las carreras de Agronomía y Ciencias Ambientales en lotes experimentales de la FAUBA, donde se multiplicaron las semillas del banco de germoplasma, que a partir de ahora comenzarán a sembrarse en la comunidad qom.
La siembra de estos maíces se realizará con técnicas agroecológicas en parcelas familiares, manejadas por la “familia ampliada”, conformada por entre 15 a 20 personas (abuelos, hijos y nietos) agrupadas en predios de 5 hectáreas. Allí se sembrarán maíces autóctonos (del tipo harinoso, reventadores y flint) que en las últimas décadas fueron desplazados por la siembra de materiales genéticamente mejorados que poseen más rendimiento pero, al mismo tiempo, demandan el uso de agroquímicos.
Los granos cosechados serán fraccionados en bolsas (confeccionadas en el taller textil de la comunidad) y comercializados en Laguna Blanca, provincia de Formosa, y en la Feria de Alimentos de la FAUBA, en la ciudad de Buenos Aires. Además, se espera vender lotes de maíces nativos como semilla.


Recuperar la autonomía
Félix Díaz, qarashe de la comunidad qom Potae Napocna Navogoh (La Primavera), recordó que su pueblo vivió tradicionalmente de los recursos naturales, a partir de la caza, la pesca y la recolección. Pero ante la reducción de su territorio (por el que están reclamando desde hace ocho meses con un acampe en la Ciudad de Buenos Aires) se vieron obligados a producir sus propios alimentos. En la actualidad buscan aprender nuevas técnicas para avanzar hacia una autonomía alimentaria, revalorizando sus conocimientos ancestrales.
"Queremos volver a retomar la actividades anteriormente hechas por los miembros de la comunidad, porque nuestros mayores han aprendido a cultivar maíz, algodón, poroto, batata, mandioca, zapallo (entre las plantas nativas de este continente), además de banana, caña de azúcar, palta y cítricos como naranja, pomelo y mandarina (introducidas desde otros países)", dijo en una entrevista con Sobre la Tierra, y lamentó que esas prácticas hayan sido abandonadas muchas veces por los conflictos que mantiene su pueblo con las comunidades criollas y las autoridades provinciales.
Al referirse a los trabajos que llevan adelante con los docentes de la Facultad de Agronomía de la UBA para avanzar en el desarrollo de la agricultura, consideró: "Va a ser un trabajo interesante porque nuestros jóvenes no tienen la experiencia que tuvieron nuestros mayores. Por eso también es fundamental la participación y la orientación de nuestros ancianos y el acompañamiento de las cuestiones técnicas del manejo de estos productos".
Díaz sostuvo que el acercamiento entre los profesores y estudiantes de la UBA y su comunidad es muy importante para recuperar la autonomía que tuvieron hace muchos años. Además, afirmó: "Es una experiencia emocionante porque es la primera vez que un blanco entra a nuestro territorio y nos trata de igual a igual, con un respeto que nunca tuvimos".

A su entender, las visitas constantes de los investigadores y extensionistas en el territorio qom y el acompañamiento técnico les produce una gran motivación para avanzar en la siembra de cultivos: "Volver a retomar la agricultura va a ser un esfuerzo enorme para la comunidad, pero también va a generar un mayor bienestar.  Los jóvenes indígenas necesitan salir de su mundo e incorporarse en la sociedad, sin abandonar su forma de pensar y su idioma. Y ser autónomos, porque no queremos depender del Estado".