viernes, 23 de octubre de 2015
martes, 20 de octubre de 2015
Los hongos complican la campaña agrícola
Marcelo Carmona y Francisco Sautua, fitopatólogos de la FAUBA, advirtieron que en un año lluvioso aumentan los ataques de enfermedades en los cultivos y las malas prácticas agronómicas podrían generar resistencia a fungicidas.
POR: JUAN MANUEL REPETTO 1 OCTUBRE, 2015
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(SLT-FAUBA) Los hongos comienzan a acostumbrarse a los fungicidas. Con esta frase alertan Marcelo Carmona y Francisco Sautua, investigadores de la cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), sobre la posible aparición de resistencia a los diferentes principios activos de fungicidas, en un año afectado por excesos hídricos y números ajustados para los productores, que en muchos casos deciden bajar las dosis de las aplicaciones.
“El empleo de subdosis (menor a lo recomendado en los marbetes de los productos), aún en mezclas de principios activos, lleva a aumentar el riesgo de generar resistencia a fungicidas”, aseguraron Carmona y Sautua en un informe presentado esta semana, y destacaron que esta práctica (o las aplicaciones divididas) es una de las principales causas agronómicas que originan la aparición de cepas resistentes.
“La mayoría de la evidencia científica mundial sugiere que la división de una dosis de fungicida dada entre dos o más aplicaciones selecciona con más fuerza cepas resistentes a fungicidas, respecto de la selección ejercida por una aplicación única a dosis más altas”, subrayaron.
Síntomas de Ramularia en cebada. Según el Comité de Acción para la Resistencia a Fungicidas, es un patógeno de alto riesgo. Foto: Di Núbila
Además, el documento alertó sobre otras malas prácticas que agravan el problema, como el continuo uso de moléculas con el mismo modo o mecanismo de acción, los cambios en los intervalos de aplicación u aplicaciones tardías, la falta de medidas de manejo integrado y la ausencia del uso de diversidad química en las aplicaciones.
Cuando las estrategias de manejo no son adecuadas, “algunos individuos de la población fúngica logran sobrevivir, multiplicarse y propagarse, a pesar de haber sido expuestos a la aplicación de un fungicida que normalmente la controlaba. Estas cepas sobrevivientes empiezan a dominar esa población haciendo ineficiente al fungicida en cuestión y es probable que también sea resistentes a otros productos relacionados, incluso sino fueron expuestos a ellos, ya que poseen el mismo mecanismo bioquímico de acción (resistencia cruzada)”, explicaron los investigadores.
El Comité de Acción para la Resistencia a Fungicidas (FRAC, por sus siglas en inglés) considera a Ramularia como un patógeno de alto riesgo a generar resistencia ante fungicidas. La comunidad científica internacional también documentó numerosos casos de resistencia a estrobilurinas, triazoles y carboxamidas en la Unión Europea, Asia, África y en todo el continente americano. En la Argentina se informó sobre fallas de control de triazoles sobre la roya de la hoja del trigo, la pérdida de sensibilidad in vivo de Pyricularia grisea a mezclas de fungicidas y deCercospora kikuchii a carbendazim in vitro.
“La división de una dosis de fungicida entre dos o más aplicaciones selecciona con más fuerza cepas resistentes”
“Tarde o temprano surgirán casos de resistencia en los cultivos. Es muy difícil actuar eficientemente para eliminar esta aparición en el campo. Sin embargo, el riesgo a que ello ocurra puede ser minimizado si se integra la mayor cantidad de estrategias antiresistencia que retrasen el desarrollo de estas subpoblaciones de patógenos resistentes, junto con la puesta en marcha de un programa de manejo integrado de enfermedades, que incluya el uso de variedades resistentes o tolerantes, rotaciones y el uso de semilla libre de patógenos”, ejemplificaron los fitopatólogos de la FAUBA.
Al respeto, los investigadores recomiendan aplicar fungicidas sólo cuando es necesario, en el momento óptimo y de acuerdo con los umbrales de daño económico desarrollados y validados en el país. Además, destacan la necesidad de utilizar mezclas de principios activos con diferentes mecanismos bioquímicos de acción, complementar los fungicidas con inductores de la resistencia (como quitosanos y fosfitos) y agentes de control biológico, alternar principios activos y respetar las dosis indicadas en los marbetes.
“Uno de los desafíos futuros será implementar un monitoreo nacional y regional de la sensibilidad y surgimiento de cepas resistentes de patógenos a cada principio activo en los distintos cultivos. Esta será la clave para poder maximizar la vida útil y la eficiencia de uso de los principios activos fungicidas actualmente disponibles en el mercado, durante el mayor período de tiempo, garantizando la sustentabilidad económica y ambiental”, concluyeron Carmona y Sautua.
Maíces
nativos, para la autonomía indígena
Por Juan Manuel Repetto
Un
proyecto de la FAUBA y de la comunidad qom Potae Napocna Navogoh apunta a
reintroducir razas autóctonas de maíz en sus ambientes originarios. La
universidad aportará su banco de germoplasma y las técnicas, apoyadas en el
conocimiento local.
(SLT-FAUBA) La Argentina posee más de 60
razas autóctonas de maíz y es, junto con México Perú y Bolivia, uno de los
principales países de la región donde históricamente existió una gran
diversidad de estos cultivos, aunque muchos de ellos ya no se siembran. Ahora
un grupo de investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) apunta
a reinsertar esas variedades en sus ambientes originarios, y para ello trabaja
junto a la comunidad qom Potae Napocna Navogoh (La Primavera), de la provincia
de Formosa.
"El objetivo es reintroducir maíces
nativos adaptados a las condiciones ambientales del NEA, que aporten a la
disponibilidad de alimentos y a la mejora de los ingresos económicos de un
pueblo originario de la región", sostuvo Julián Cámara Hernández,
investigador de la cátedra de Botánica Agrícola de la FAUBA, quien se dedica a
estudiar estas razas de maíz desde hace más de 35 años, y que será el encargado
de dirigir la iniciativa junto a otros agrónomos, antropólogos y biólogos de la
Universidad de Buenos Aires.
El proyecto se denomina "Maíces
nativos para la promoción de la soberanía alimentaria y la inclusión social en
una comunidad qom del Gran Chaco" y estará financiado por el Programa
Consejo de la Demanda de Actores Sociales (Procodas), del Ministerio de Ciencia
y Tecnología la Nación.
A partir de su puesta en marcha, la FAUBA
pondrá a disposición su banco de germoplasma de semillas nativas del NEA y
aportaría el conocimiento técnico, como lo viene haciendo desde 2010, cuando se
conformó un Grupo de Estudio y Trabajo en esa Facultad de la UBA para colaborar
con la comunidad qom. En estos años se realizaron diferentes proyectos para
mejorar la calidad del agua, desarrollar 45 huertas familiares y un vivero
comunitario donde se propagan plantas nativas como algarrobo, mistol y lapacho.
Ahora buscan avanzar hacia la producción semiextensiva de cultivos de granos.
"El proyecto de maíces autóctonos
apunta a recuperar un material genético de gran variabilidad y valor culinario. Es una experiencia
excepcional a partir de la cual se incorporarán a la producción de semillas de
especies nativas disponibles en bancos de germoplasma", aseguró Cámara
Hernández.
Durante 2014, los docentes trabajaron
junto a estudiantes de las carreras de Agronomía y Ciencias Ambientales en
lotes experimentales de la FAUBA, donde se multiplicaron las semillas del banco
de germoplasma, que a partir de ahora comenzarán a sembrarse en la comunidad
qom.
La siembra de estos maíces se realizará
con técnicas agroecológicas en parcelas familiares, manejadas por la “familia
ampliada”, conformada por entre 15 a 20 personas (abuelos, hijos y nietos)
agrupadas en predios de 5 hectáreas. Allí se sembrarán maíces autóctonos (del
tipo harinoso, reventadores y flint) que en las últimas décadas fueron
desplazados por la siembra de materiales genéticamente mejorados que poseen más
rendimiento pero, al mismo tiempo, demandan el uso de agroquímicos.
Los granos cosechados serán fraccionados
en bolsas (confeccionadas en el taller textil de la comunidad) y
comercializados en Laguna Blanca, provincia de Formosa, y en la Feria de Alimentos
de la FAUBA, en la ciudad de Buenos Aires. Además, se espera vender lotes de
maíces nativos como semilla.
Recuperar
la autonomía
Félix Díaz, qarashe de la comunidad qom
Potae Napocna Navogoh (La Primavera), recordó que su pueblo vivió
tradicionalmente de los recursos naturales, a partir de la caza, la pesca y la
recolección. Pero ante la reducción de su territorio (por el que están
reclamando desde hace ocho meses con un acampe en la Ciudad de Buenos Aires) se
vieron obligados a producir sus propios alimentos. En la actualidad buscan
aprender nuevas técnicas para avanzar hacia una autonomía alimentaria,
revalorizando sus conocimientos ancestrales.
"Queremos volver a retomar la
actividades anteriormente hechas por los miembros de la comunidad, porque nuestros
mayores han aprendido a cultivar maíz, algodón, poroto, batata, mandioca,
zapallo (entre las plantas nativas de este continente), además de banana, caña
de azúcar, palta y cítricos como naranja, pomelo y mandarina (introducidas
desde otros países)", dijo en una entrevista con Sobre la Tierra, y
lamentó que esas prácticas hayan sido abandonadas muchas veces por los
conflictos que mantiene su pueblo con las comunidades criollas y las
autoridades provinciales.
Al referirse a los trabajos que llevan adelante
con los docentes de la Facultad de Agronomía de la UBA para avanzar en el
desarrollo de la agricultura, consideró: "Va a ser un trabajo interesante
porque nuestros jóvenes no tienen la experiencia que tuvieron nuestros mayores.
Por eso también es fundamental la participación y la orientación de nuestros
ancianos y el acompañamiento de las cuestiones técnicas del manejo de estos
productos".
Díaz sostuvo que el acercamiento entre
los profesores y estudiantes de la UBA y su comunidad es muy importante para
recuperar la autonomía que tuvieron hace muchos años. Además, afirmó: "Es
una experiencia emocionante porque es la primera vez que un blanco entra a
nuestro territorio y nos trata de igual a igual, con un respeto que nunca
tuvimos".
A su entender, las visitas constantes de
los investigadores y extensionistas en el territorio qom y el acompañamiento
técnico les produce una gran motivación para avanzar en la siembra de cultivos:
"Volver a retomar la agricultura va a ser un esfuerzo enorme para la comunidad,
pero también va a generar un mayor bienestar.
Los jóvenes indígenas necesitan salir de su mundo e incorporarse en la
sociedad, sin abandonar su forma de pensar y su idioma. Y ser autónomos, porque
no queremos depender del Estado".
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